AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 17 de enero de 2001
"..no está en juego sólo una ecología "física", atenta a tutelar el hábitat de los diversos seres vivos, sino también una ecología "humana", que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador.
Los hombres y mujeres, en esta nueva armonía con la naturaleza y consigo mismos, vuelven a pasear por el jardín de la creación, tratando de hacer que los bienes de la tierra estén disponibles para todos y no sólo para algunos privilegiados,.."
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CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
8 de diciembre de 1989
"..el signo más profundo y grave de las implicaciones morales, inherentes a la cuestión ecológica, es la falta de respeto a la vida, como se ve en muchos comportamientos contaminantes.
Las razones de la producción prevalecen a menudo sobre la dignidad del trabajador, y los intereses económicos se anteponen al bien de cada persona, o incluso al de poblaciones enteras. En estos casos, la contaminación o la destrucción del ambiente son fruto de una visión reductiva y antinatural, que configura a veces un verdadero y propio desprecio del hombre."
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MENSAJE AL PATRIARCA ECUMÉNICO BARTOLOMÉ I
CON OCASIÓN DEL V SIMPOSIO SOBRE EL MEDIO AMBIENTE
27 de mayo de 2003
En numerosas ocasiones me he referido al hecho de que tanto las personas de forma individual como toda la comunidad internacional están tomando cada vez mayor conciencia de la necesidad de respetar el medio ambiente y los recursos naturales que Dios ha dado a la humanidad.
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FIRMA DE LA "DECLARACIÓN DE VENECIA"
DECLARACIÓN CONJUNTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Y SU SANTIDAD BARTOLOMÉ I
Roma-Venecia, 10 de junio de 2002
El respeto a la creación deriva del respeto a la vida y a la dignidad humana. Si reconocemos que el mundo ha sido creado por Dios, podemos discernir un orden moral objetivo, en el cual es posible articular un código de ética ambiental. Desde esta perspectiva, los cristianos y todos los demás creyentes tienen una función específica que desempeñar proclamando valores morales y educando a las personas a tener conciencia ecológica, que no es más que responsabilidad con respecto a sí mismos, con respecto a los demás y con respecto a la creación.
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ENCUENTRO CON LOS AGRICULTORES
JUBILEO DEL MUNDO AGRÍCOLA
Sábado 11 de noviembre de 2000
"El primer valor en juego cuando se considera la tierra y las personas que la trabajan es, sin duda alguna, el principio que atribuye la tierra a su Creador: ¡La tierra es de Dios! Por tanto, se la ha de tratar según su ley. Si, con respecto a los recursos naturales, se ha consolidado, especialmente por el impulso de la industrialización, una cultura irresponsable del "dominio" con consecuencias ecológicas devastadoras, no responde ciertamente al designio de Dios."
"Si el hombre pierde el sentido de la vida y la seguridad de sus orientaciones morales, extraviándose en la niebla del indiferentismo, ninguna política será capaz de salvaguardar conjuntamente las razones de la naturaleza y las de la sociedad. En efecto, es el hombre quien puede construir y destruir, respetar y despreciar, compartir o rechazar. También los grandes problemas planteados por el sector agrícola, que os incumbe directamente, han de afrontarse no sólo como problemas "técnicos" o "políticos", sino antes aún como "problemas morales"."
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VIAJE APOSTÓLICO A POLONIA
Homilía en Zamosc, 12 de junio 1999
"No basta buscar la causa de la destrucción del mundo en una excesiva industrialización, en una acrítica aplicación en la industria y en la agricultura de conquistas científicas y tecnológicas, o en una afanosa búsqueda de la riqueza sin tener en cuenta los efectos futuros de esas acciones. Aunque no se puede negar que esas acciones producen grandes daños, es fácil observar que su fuente se encuentra en un nivel más profundo: en la actitud misma del hombre. Parece que lo que resulta más peligroso para la creación y para el hombre es la falta de respeto a las leyes de la naturaleza y la pérdida del sentido del valor de la vida."
"Todo discípulo de Cristo debe analizar su propio estilo de vida, para que la justa aspiración al bienestar no ofusque la voz de la conciencia, que pondera lo que está bien y lo que es auténticamente bueno."
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